
Cuando vivís viajando uno de los problemas mas recurrentes, o por lo menos para mi, es encontrar yerba mate.
Esa infusión tan preciada para los habitantes de la zona mesopotámica de Sudamérica.
Se puede vivir sin mate! Es una afirmación!
Pero son tantas las situaciones en las cuales el mate es mejor compañero, aun estando en compañía. Es sentir el gustito a tu tierra en cada mateada.
Cada vez que salimos, lo hacemos con la mayor cantidad de mate posible. Y siempre tenemos una bombilla de repuesto.
Pero luego de algunos meses, llega el día en el que te das cuenta que el paquete comienza a sentirse medio vacío. La panza se estruja, es una sensación similar a cuando en un examen te preguntan eso que no te tenían que preguntar.
Y pensas…lo tomo y lo termino? Lo dejo para algún momento especial? Qué hago? Tengo miedo!
En Latinoamérica, no es tan común pero se puede conseguir. Siempre hay argentinos viviendo por ahí o te cruzas con alguien que ya se vuelve y te regala lo que le quedo. O en determinados lugares si haces un buen trabajo de espionaje la podrías comprar sin mucho problema.
Pero en Europa, es diferente. En Italia resultó fácil. Muy fácil. Así es que nos relajamos! Cuando salimos nos llevamos un kilo solamente, y pensamos que seria igual en el resto de los países.
Pasamos por Suiza, pero aun teníamos. Igualmente nos dijeron que se podía conseguir.
Llegamos a Alemania y comenzó a escasear. Por suerte pudimos hacer un estudio de la zona y dimos con los mercados árabes y conseguimos la Pipore de 250gr. Compramos 1kilo mas!
Seguimos viaje…Eslovaquia, Hungría, Croacia…y se acaba! Por las dudas que no se consiga, el restito que quedaba lo dejamos para tomarlo en el mar negro! Nos tenemos que tomar unos mates en el mar!
Comenzamos a buscar en foros, en Facebook, en la calle, en mercados. Pasamos Serbia, llegamos a Rumania y no teníamos suerte.
Encontré por Facebook una pagina que se llamaba «Yerba Mate Rumania». Le escribí, pero me contesto que no vendía…era solo a modo informativo. Tenía, pero la compraba online en Polonia.
Llegamos a Bucaresti, la capital, e intentamos buscar mercados árabes, fuimos a casas de té, preguntamos en tiendas naturistas, pero nada.
Fui a la embajada argentina! Si! Fui a preguntar si sabían donde conseguir! Pero solo conocían una tienda y vendían yerba brasilera.
Cabecita dura de alguna forma la va a conseguir!
Le escribí nuevamente a al contacto de “yerba mate”. Le explique que no tenia cómo comprarla por internet….porque estamos solo de paso y le rogué que me venda al menos medio kilo.
Accedió, pero me explico que el vivía en Contanta, a unos 200 y tantos kilómetros de la capital. No era un problema! Contanta es una ciudad a los pies del mar negro! No teníamos pensado ir…pero ahora nuestra ruta cambiaba!
Nos llevaría entre tres y cuatro días, no eran tantos kilómetros, pero comenzaban los desniveles.
Con un poco o de esfuerzo físico el lunes 1 de julio nos dimos nuestro primer chapuzón en el tan deseado mar negro! Solo tres días después!
En cuanto encontramos wifi le escribimos a Iulian, el señor «Yerba mate». Al día siguiente iría a su restaurant vegano a buscar nuestro tan preciado tesoro.
Llegamos al lugar, entré sabiendo que seria la yerba más cara que iba a comprar, en Europa y en un lugar que no se consigue!
Subí las escaleras y ahí estaba, me presenté, se presentó, me presentó a su mujer. Y sin decir nada más abrió su mochila, sacó un kilo de Amanda y me dijo
–esto es para ti!
No me importaba lo que iba a salir…era un kilo entero! Todo para nosotros!
Le pregunte cuanto costaba, Y me dijo – nada! Es un regalo!
Esto realmente no me lo esperaba!
Insistí en pagarle, pero luego entendí que lo hacia con mucho placer. Tenia ganas de abrazarlo! No lo voy a negar, pero aquí son otras costumbres…apenas saludas dando la mano.
Me preguntó por el viaje en bici, y cuando le dije que viajábamos desde hace algunos años enseguida me pidió que entremos la bicis y tomemos un café con ellos.
Acomodamos todo y subimos!
Nos invito a sentarnos en un rinconcito en unos cómodos sillones y el mate listo!
Charlas, anécdotas y curiosidades con una pareja rumana con mate de por medio.
Cuando pensamos en continuar el viaje, nos sorprendieron con una rica sopa y una hamburguesa vegana para que probemos, y un te para finalizar el agasajo.
Y pensar que no teníamos pensado pasar por Contanta!
Dejamos la ciudad con un kilo de yerba bajo el brazo, almuerzo en tres pasos y nuevos amigos rumanos.
~Homenaje al mate~ por Lalo Mir.
Comparto un relato que me gusta mucho y creo que pone en palabras nuestra bella costumbre de tomar mate.

«El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es hola y la segunda: ¿unos mates?.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo?. El otro responde:
Como tomes vos.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba,
un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir gracias, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.»
Tenía pensado comprarme un libro. Pero espero al próximo posteo y no tardes tanto …por qué me encanto! Jajaja 💚🌿
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